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Los espacios de enseñanza deben ser lugares seguros, libres de LGTBIfobia

Los espacios de enseñanza deben ser lugares seguros, libres de LGTBIfobia.

Pese a percibir un crecimiento en el respeto y en la defensa de la libertad por gran parte del alumnado y del resto de la comunidad educativa, los datos nos muestran que aún estamos muy lejos de alcanzar nuestro objetivo de erradicar todo tipo de discriminación por género, identidad y orientación sexual en nuestras aulas.

En 2017, la profesora Mercedes Sánchez Saínz denunciaba en un estudio que en la ESO un 80% de los alumnos LGTBI ya habían "escuchado su orientación como un insulto"

El informe sobre LGTBFobia elaborado por COGAM en centros educativos indicaba que un 80% del alumnado de secundaria "no había salido del armario", creyendo que de haberlo hecho se habrían triplicado el número de agresiones.

Según este informe el 70% del alumnado muestra reticencias para aceptar a personas trans y más del 60% del alumnado agredido piensa que el profesorado no actúa ante estas situaciones, así como tampoco hace nada un 60% de lxs compañerxs del centro ante un acoso "lgtbfóbico o de género".

Resulta muy preocupante que, como consecuencia del acoso homofóbico en el entorno escolar, el 57% de l@s jóvenes que lo sufren piensen en el suicidio.

En un estudio realizado en 2007 un 37% del alumnado había presenciado palizas a amig@s o compañer@s. Dicha cifra se había reducido a un 6,5% en 2011. Estos datos son inasumibles, debemos lograr eliminar todo tipo de LGTBIfobia.

En 2016 el informe sobre incidentes de odio realizado por el Ministerio del Interior, se tuvo conocimiento de 230 delitos homófobos frente a los 169 del año anterior. Un crecimiento de un 36% y eso teniendo en cuenta que gran parte de estas agresiones no se denuncian.

Según el último informe confeccionado por la Oficina Nacional de Lucha Contra los Delitos de Odio, los delitos de odio por orientación sexual e identidad de género suponen la tercera causa del total de delitos de odio y han aumentado un 8,6 % respecto a 2018.

Aunque según la II Encuesta LGTBI elaborada en 2019 por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, el 43% de la población cree que se combate eficazmente los prejuicios e intolerancia hacia las personas LGTBI, por encima de la media europea que es del 33%, el miedo todavía impide a muchas personas del colectivo mostrarse tal y como son, el 48 % de las personas LGTBI no se atreve a coger la mano de su pareja en público, y un tercio evita ir a determinados lugares por temor a ser increpad@s o agredid@s.

A nivel mundial los datos son aún más preocupantes. Según el último informe de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA Mundo), hasta en 11 estados las relaciones consensuadas entre adultos del mismo sexo pueden ser penadas con la muerte. Este tipo de relaciones siguen siendo ilegales, además, en el 35% de los estados que forman parte de la Organización de Naciones Unidas.

De un tiempo acá se está observando un cuestionamiento y retroceso en lo referente a la protección de los derechos de las personas LGTBI en toda Europa. En mayo en Letonia un chico gay fue quemado vivo. Hace unos días conocíamos el asesinato de Samuel en A Coruña. En Cantabria un empresario rechazaba a un chico en su taller por "su problema" y hemos conocido agresiones homófobos y transfobicas a varias compañeras y compañeros en diferentes ciudades de nuestra tierra.

Luchar desde los centros educativos contra la LGTBIfobia es el modo de llegar a toda la sociedad. Garantizar un entorno seguro para que niñ@s y adolescentes se desarrollen y crezcan sin miedo a ser, a sentir y a amar es fundamental. Educar en el respeto a los derechos humanos para prevenir cualquier violencia en los centros, llevará a evitarla también fuera de ellos. Eliminaremos toda homofobia, bifobia y transfobia de nuestras aulas.

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